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lunes, 12 de marzo de 2012

ÉRASE UNA VEZ EN AMÉRICA (1984): EN BUSCA DEL CINE CLÁSICO PERDIDO


Este pasado fin de semana he publicado una entrada nueva en la página de Facebook Biblioteca Genovés, dentro de la sección «Primeras palabras», destinada a seleccionar primeros párrafos de obras inmortales de la gran literatura. El fragmento inicial escogido para la ocasión es… de libro. Así arranca En busca del tiempo perdido de Marcel Proust: [«Longtemps, je me suis couché de bonne heure.»] «Durante mucho tiempo, me acosté temprano». 

La frase feliz ha conocido memorables reproducciones, que algunos espíritus desprendidos gustan denominar «homenajes»; no pocos pedantes, «intertextualidad»; los mal pensados, «plagios» y los forofos de la Ley Sinde, actos de «piratería». Pero no he venido yo hoy aquí a hablarles de la novela de Proust, ni del último libro de Francisco Umbral ni tampoco de mis libros… (para esto último he creado, precisamente, la página mencionada arriba).


En Cinema Genovés estamos convocados para hablar, principalmente, de películas. También, de series de televisión (por cierto, hace tiempo que no hablamos de esto). Pues bien, es el caso que la celebérrima frasecita proustiana ha servido de inspiración a una de esas réplicas inolvidables que atesora la historia del celuloide. Y la verdad sea dicha, los guionistas para completar la línea tenían a la sazón una buena fuente de inspiración. El film al que me refiero lleva por título inglés Once upon a time in America; en italiano, C’era una volta in America; en la versión española, Érase una vez en América (1984) y está dirigido por el gran Sergio Leone, quien con esta obra logró hacer realidad el mayor de sus sueños fílmicos: llevar a la pantalla la novela The Hoods, del escritor Harry Grey.

Y la realidad es que Leone no deseaba hacer un film más de gánsteres. Su ambición, su profundo anhelo, era realizar un monumental tributo al cine más querido. Para lo cual se embarcó en un ambicioso proyecto… en busca del cine americano clásico. Para ser fiel a tal propósito, lo primero era ajustarse al canon de Hollywood: el cine de género. Podía haber rodado un western de grandes dimensiones y anchos horizontes. Pero no era cosa de repetirse: eso ya lo había hecho, largamente, durante su carrera. Escoge, pues, el género gángster



Un magnífica elección, con la que, en efecto, no hace una película más del género, sino que lo reinventa. Y no con ánimo deconstruccionista ni desmontando a Bogart o a Cagney ni cosas tan posmodernas. Un resultado magistral, al que, a mi juicio, en los últimos tiempos sería justo añadir otros títulos selectos: El Padrino (Godfather, 1972 – Francis Ford Coppola); Uno de los nuestros (Goodfellas, 1990 – Martin Scorsese); Muerte entre las flores (Miller's Crossing, 1990 - Joel Coen & Ethan Coen).




A lo largo de 225 minutos de cine de primera calidad, el cineasta italiano construye un film-río sobre las tres etapas vitales (juventud, madurez y vejez) de dos amigos David «Noodles» Aaronson (Robert de Niro) y James Woods (Maximilian »Max» Bercowicz), unidos y enfrentados, todo a la vez, a lo largo de una existencia violenta, por el dinero, el poder y el placer. Historia de fidelidades y traiciones, de amores y odios, de iniciaciones y acabamientos, de añoranzas de un tiempo que se les pasado, como les ocurre a todos los individuos menos a los aburridos, casi sin darse cuenta. 



He aquí una obra magna que remite a la tragedia clásica de los antiguos griegos, incluso antes que al cine americano de los años 30 y 40 del siglo XX. Un trabajo brutal y descarnado, sin miramientos ni contemplaciones, aunque sin renunciar al lirismo más conmovedor. Una ópera de timbres agudos y acentos graves que, gracias a la prodigiosa banda sonora creada por Ennio Morricone, sin dudarlo podría emparentarse con La fanciulla del West de Giacomo Puccini.

En una de las más hermosas secuencias del film, «Noodles» vuelve a casa, a la escena del crimen. Ha estado treinta y cinco años fuera de la circulación, pero este Ulises con gabán y sombrero, de pasado poco heroico, no tiene una Penélope ni un Telémaco que le esperen. Vuelve al bar, antiguo centro de reuniones, todavía regentado por otro viejo colega, Moe »Fats» Gelly (Larry Rapp), en cuya trastienda quedó antaño prendado por la inocencia y la belleza de Deborah (Jennifer Connelly), delgada hermana del gordo, cara de ángel, púber primorosa, que bailaba sola al son de la Amapola. 




Los viejos compinches se reconocen pronto. Apenas hablan entre sí. Algunas escuetas preguntas, frases breves, de rigor, de calibre corto. «Noodles» necesita pasar allí la noche y tal vez dormir unas horas. Mañana será otro día. Una vez instalado el recién llegado desde el interior de la noche, «Fats» se retira. De pronto, vacila y se vuelve hacia el antiguo camarada de trajines y metralletas. Tiene que despejar una duda. He aquí el sucinto diálogo:

«Fats».- ¿Qué has estado haciendo todos estos años?
«Noodles».- Acostarme temprano

La siguiente versión del vídeo es italiana. En recuerdo de la lengua materna de Leone.


«Fats».- Che hai fatto in tutti questi anni, Noodles?
«Noodles».- Sono andato a letto presto...

Así empieza En busca del tiempo perdido. Y justamente aquí lo dejamos por hoy. 

16 comentarios:

  1. Para mi la obra maestra de Leone, por encima de Cera una volta... Magníficas las tres fotos, yo también he estado ahí para ver como se veía.
    Estupenda crónica, y estupenda igualmente, como dices, la banda sonora, imagino que les pondrás corazón a todas, pero esta parece que tiene un poco más.(a la reseña, digo)

    Saludos
    Roy

    Saludos
    Roy

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    1. Gracias, amigo Roy, por tu amable comentario.

      Pues, fíjate las cosas de la cinefilia. Uno busca en la ciudad de Casablanca el bar de Rick's, cuando está (si todavía está) en un almacén de la Warner. Y uno busca, también yo, esa vista de Brooklyn con el puente al fondo, cuando tengo para mí que esa célebre secuencia fue rodada... en Cinecittà.

      Y sí yo le pongo corazón a mis entradas, a veces hasta "demasiado corasón"...

      Salucines

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  2. Magnífica película de este gran director italiano y con banda sonora de Ennio Morricone, nada menos. Buena entrada para comenzar bien la semana, Fernando. Me estás recordando de que tengo que volver a verla. Y has escogido muy buenos fotogramas. Un abrazo, Paco.

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    1. Gracias, Paco, por tu gentil comentario.

      Pues, ánimo con ella, que ésta es peli para visionar más de una vez.

      Salucines

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  3. Enorme fresco de la América de las bandas, con estructura de Ópera, como bien has dicho, con secuencias para recordar y una banda sonora espectacular. No sigo porque alguien llama al teléfono, dejaré mi pipa de opio...

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    1. Tranquilo, Ethan, que el teléfono va a estar sonando muchas veces. Tendrás tiempo para descolgarlo antes de que cuelguen... a algún otro. Ahora bien, lo de la pipa sí es vicio como para dejarlo...

      Salucines

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  4. Cada vez que pienso en Leone, se me viene a la mente que tengo una de las mayores deudas del cine con él, justamente es Once upon a time in América. No podria hablarte de la película porque sé cosas poco relevantes, pero tu entrada me ha gustado, Es verdad que la banda sonora es estupenda y no hay duda alguna que de alguna manera hizo con esta cinta algo que ya es clásico. Buscaré un momento libre para poder verla, porque ganas no me faltan.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, daniel, por tu amable comentario.

      Esta película es un monumento, en altura y en extensión. Dedícale un par de jornadas porque, visionada de un tirón, puede dejarte seco...

      Salucines

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  5. Excelente.
    Obra maestra del gran Sergio Leone, toda una experiencia visual y sonora, una muestra genial de la concepción clásica, épica y barroca que Leone tenía de la narrativa cinematográfica.

    Curiosamente hace poco volví a revisarla, un par de meses aproximadamente, junto a una persona que desconocía la película, a Leone y que además no posee ninguna inquietud cinematográfica que la diferencie de la media.
    Al terminar los 225 minutos su cara traslucía emoción y los ojos le brillaban; y me dió las gracias.

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    1. Y yo te doy las gracias a ti, amigo David, por tus amables palabras.

      Había descubierto muchas virtudes en esta película. Pero, ahora me haces ver otra: la capacidad de fortalecer con ella la amistad.

      Salucines

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  6. Pues sí, obra maestra, una de mis películas favoritas. Yo también la prefiero a "Hasta que llegó su hora", pero creo que aprecio más "Hasta que llegó su hora" porque existe "Érase una vez en América", aunque aparentemente no tengan nada que ver, fue como una manera de abrirme los poros a alguna otra película suya.

    Saludos

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    1. Sí, estamos de acuerdo, Sergio. Es tal la dimensión de este film que, condensando toda la filmografía de Leone, nos permite revisar sus títulos anteriores con otra mirada. Y aun diría que no sólo de los títulos de Leone.

      Salucines

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  7. Sí que se nota que le has puesto corazón, sí, a esa reseña, Fernando. La tengo como asignatura pendiente porque la ví en el cine de estreno y no he vuelto a ella, en buena parte por falta de tiempo, del tiempo que se necesita para verla de un tirón que es como se debe.

    Después de verla pensé -y sigo pensando- que James Woods no ha tenido la suerte que merecía.

    Un abrazo.

    p.d.: Ahora se cumplen 40 años de El Padrino, que es del 72... :-)

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    1. De un tirón, Josep, o por etapas, esta cima del cine hay que alcanzarla más una vez para disfrutar de las vistas que nos ofrece.

      Salucines

      PD. Gracias por tu elegante recordatorio de la fecha de estreno de El Padrino...

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  8. Sobre la foto de Brooklyn, la voy a poner en Facebook, Fernando. Lo de rodar en cinecitta ahora que lo mentas si que es cierto. De todas formas el lugar parece igual de mágico.

    Saludos
    Roy

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    1. Igual de mágico.. o más, amigo Roy. Porque ahí está la magia del cine. Y el gran trabajo de los estudios cinematográficos. Como Cinecittà.

      Salucines

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