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lunes, 18 de junio de 2012

OJOS NEGROS (1987)


Título: Oci ciornie
Año: 1987
Duración: 118 minutos
Nacionalidad: Italia
Director: Nikita Mikhalkov
Guión: Alexander Adabachian, Suso Cecchi d'Amico, Nikita Mikhalkov (basado en cuentos de Anton Chejov)
Música: Francis Lai
Fotografía: Franco di Giacomo
Reparto: Marcello Mastroianni, Silvana Mangano, Marthe Keller, Yelena Safonova, Pina Cei, Vsevolod Larionov
Productora: Excelsior Film TV / RAI Uno

¿Qué tienen esencialmente en común el cine italiano y el ruso? Pues, uno diría —así, a bote pronto— que las inherentes a la industria y al oficio cinematográfico, y poco más. A menos que algún sesudo crítico me descubra el mediterráneo que baña y aclara tamaño asunto teórico-práctico. ¿Y qué decir de las diferencias existentes entre la cultura, la sensibilidad y la concepción del mundo en el país mediterráneo y en el inmenso territorio euroasiático? Pues eso, que son inmensas. Entre un latino y un eslavo, se mire como se mire, hay bastantes kilómetros de distancia.

Es por esto que concebir un proyecto cinematográfico, como Ojos negros, basado en cuentos del escritor ruso Anton Chejov, un film ambientado buena parte del mismo en territorio ruso (escenarios reales), bajo una producción italiana, puede generar cierto escepticismo en cuanto a los resultados. Pues bien, digámoslo ya: disipen ustedes cualquier duda o prevención, porque Oci ciornie es que una obra excepcional, un hermosísimo film que a mí, personalmente, me encanta.


No se trata de una co-producción ítalo-rusa (en 1987, Rusia todavía pertenecía a la Unión Soviética), lo que no hubiese beneficiado, a mi juicio, el resultado. Pudo optarse, sin eslavos inconvenientes, por el género de la comedia para vehicular la historia. Porque en la comedia, los italianos son unos maestros indiscutibles; más convincentes que los rusos, me parece a mí. No obstante, fue un gran acierto haber contratado a un director ruso, de estilo tan minucioso y depurado como Nikita Mikhalkov, para dirigir el proyecto. Un realizador preciso y controlado a la hora de rodar secuencias de interiores, pero no menos inspirado y bien dotado para recoger con su mirada azul el alma de las ciudades y la estepa rusas.


Otro gran acierto del film es el reparto. Y, por encima de todo y de todos (über alles…), brilla con luz propia Marcello Mastroianni, que está —¿cómo decirlo en una sola palabra?— colosal. Perfectamente acompañado por Silvana Mangano y Marthe Keller. Por lo que respecta a Yelena Safonova (Anna, la dama rusa del perrito) cumple bastante bien su papel, sabiendo Mikhalkov qué y cuánto protagonismo concederle en la cinta. Primero, por las propias posibilidades interpretativas de la actriz, y, segundo, porque la fuerza y el atractivo del personaje que interpreta residen más en sus evocaciones que en sus presencias, en sus apariciones que en sus manifestaciones.

La estructura del guión es impecable, asumiendo con valentía y destreza el siempre difícil recurso estructural de un largo flashback como hilo conductor de la narración. El pulso de la dirección es contenido y justo, punteado con insertos y saltos al presente más que correctos, rigurosos.

 

Pavel (Vsevolod Larionov), hombre maduro y apocado, pasajero en un crucero de luna de miel, deja a su mujer descansando en una hamaca de la cubierta del barco, y se introduce en el restaurante para tomar un refrigerio. El camarero le informa que todavía hay que esperar unas dos horas para abrir y servir el almuerzo; el tiempo justo que precisa Mikhalkov para narrar la historia. Un taciturno compañero de viaje, Romano Patroni (Marcello Mastroianni), quien ocupa una de las mesas, invita al sofocado caballero a sentarse a su lado y compartir un refresco. Tras las presentaciones, Romano descubre que Pavel es ruso. De pronto, algo se agita —aviva y despierta— en el corazón del atribulado individuo. Rememora su vida y ello le anima a contársela al recién llegado. La interpretación de Mastroianni es tan perfecta, que la convulsiva y regocijante reacción de Romano al evocar Rusia nos ofrece, en unos segundos, el cariz y el carácter del personaje: inmaduro y bufón, tierno y sentimental, flotante e inconstante; un tarambana, en fin.



Pronto, este Casanova en decadencia, este arquitecto de un solo proyecto, este hombre ingenuo y ocioso, casado con Elisa (Silvana Mangano), elegante dama de la alta sociedad, este seductor de opereta, en fin, se enamora en un balneario de una misteriosa dama acompañada de un perrito; todo lo enamorado que puede estarlo un tipo ligero y caprichoso, simple y juguetón, aunque encantador, como Romano. La dama del perrito ha aprendido el italiano escuchando ópera. Romano aprende lento en las cosas del saber, pero es ágil en las cosas del querer. Consigue recordar en pocos segundos la palabra rusa Sabatchka, como llaman al perrito, talismán y nombre clave para no perder el rastro de la misteriosa mujer rusa. 


Tina (Marthe Keller), amante de Romano, lanza sus redes sobre el maduro galán enamorado. Pero Romano sólo tiene ojos negros para la dama de blanco con perrito. La corteja y contenta de mil maneras, pero ésta, súbitamente, desaparece, dejando una carta de despedida.



Romano se escuda en un presunto viaje de negocios para desplazarse a Rusia tras la estela enamorada. A fin de entrar en los círculos de la alta sociedad y así, con suerte, encontrar a la joven, intenta venderles a las autoridades locales un cristal irrompible. Las situaciones creadas alrededor de esta argucia son tan extravagantes como hilarantes. Finalmente, logra su objetivo y topa con la estrella luminosa que le ha hechizado tan profundamente. Anna, mujer casada, sortea la acometida del tenaz pretendiente como mejor puede. También Romano es hombre casado. Pero, no hay problema. Retorna a Italia, consigue el divorcio y volverá a Rusia a los brazos de la amada dama.



La marcha de Rusia por parte de Romano está filmada por Mikhalkov con emotiva pulcritud y una gran belleza. Al alba, montado en un carro que lo traslada a la estación de ferrocarril, Romano se queda dormido. En sueños, vuelve a su mente la nana que le contaba la mamma para dormirse, cuando era sólo un niño… Pero, otra música, las alegrías melodías danzantes de los gitanos, solapándose con aquélla, le despierta:


— ¡Gitanos! ¡Soy yo, Romano! ¿Os acordáis? ¡Romano! ¡Gitanos! ¡Me voy, pero volveré pronto! ¡Esperadme!

Vuelta a la realidad. Vuelta a Italia. Vuelta al principio. No desvelaré el final, en consideración a quienes no hayan visionado la película. Sí añadiré tan sólo que, tras el relato de Romano, Pavel se siente incitado a confesarse. Hace siete años encontré, nos dice, a una reservada dama que había sido desgraciada en su matrimonio. Vivía entonces con su tía, dicen que esperando a alguien… Le pedí matrimonio, varias veces. Me rechazó. Lo sé, soy una nulidad, viejo, feo y tímido. Me dijo que no me quería, no dejaba de llorar, aunque, finamente, aceptó. Y yo acepté a mi vez aquella humillación, porque la adoro.

La misteriosa dama de blanco, oteando el horizonte, sigue esperando en la cubierta del barco.



17 comentarios:

  1. Estupenda entrada, Fernando, emotivo recuerdo de una película que siempre me ha fascinado desde que tuve la suerte de verla en el cine.
    Inmenso Mastroianni, increíble, sensacional, un verdadero recital, una clase magistral para cualquier actor.
    Ya me dan ganas de darle un repasito, mira que te digo...

    Un abrazo.

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    1. Pues yo, Josep, ya le dado varios "repasitos" a la película. Y cada vez me gusta más...

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  2. Me encanta esta película, que disfruté en el cine en su momento, y en el salón de mi casa cuando la adquirí en DVD.

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    1. Gracias, Enrique, por tu comentario y bienvenido a Cinema Genovés.

      Compruebo que tienes buen gusto para las películas...

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  3. He oido muy buenos comentarios sobre esta pelicula; me atrae mucho y espero poder verla pronto. Tanto elogio ha de ser por algo amigo Genovés :)

    Un abrazo.

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    1. Bien dicho, daniel. Adelante con el film, porque, como sabes, en Cinema Genovés, no exageramos a la hora de hacer críticas, recomendaciones o sugerencias. Bueno, no casi...

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  4. Oh! La dama del perrito, qué bonito relato, y yo sin conocer esta película.... y con lo que me gustan Nikita y Marcello, me tiene que gustar seguro. La apunto.

    Un abrazo

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    1. No es que te vaya a gustar. Es que te va a encantar...
      Ya me contarás.

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  5. No sé porqué, debe ser por la fecha de estreno o alguna cosa parecida que siempre mezclo a primera vista "Los girasoles" con "Ojos negros". Las vi en su momento, hace una porrada de años, pero, no recuerdo nada. Le veo muy bravo defendiendola, tendré que verla de nuevo, junto a "Los giraoles" claro.
    Estupendo post don Fernando.
    Saludos

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    1. Gracias, amigo Roy, por sus amables palabras. Pues ahora que lo dice usted, no sería mala idea rescatar de la memoria "Los girasoles", una buena película con un fantástico Mastroianni.

      Pero es que con "Ojos negros" estamos hablando de una obra superior, para gritar ¡Bravo! ¡Bravo!

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  6. Una película estupenda, hermosa, sensible y divertida.
    Me apunto al ¡Bravo! ¡Bravo!
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    1. Pues ¡Bravo! a ti también, amigo David, por tu probado buen gusto cinematográfico.

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  7. DeWitt o de cómo se siente uno cuando parece ser el único que no ha visto una película estupenda :-( Nos ponemos manos a La Obra, esto no puede ser, no, no...

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    1. Hombre, amigo deWitt, el único, el único... ¡Hay tantas películas notables por "descubrir"! ¡Y tantos que ni siquiera saben de su existencia! Pues bueno, por lo menos, aquí damos noticia de las mismas. Y hacemos algunas sugerencias.

      ¿Dices que vas a apuntarte al Opus...?

      Salucines

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    2. jajaja! Me pilla un poco mayor!! Dejémoslo en "la obra".

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  8. Yo la vi hace tiempo en tv ,y me fascinó,ahora quisiera vover a verla,pero por razones ridículas (derechos de autor,etc.) me quedé con las ganas! Ni siquiera se puede ver la parte de la "ninna nanna" que "dicen" que está en este espacio y luego no ves "NADA";la música también maravillosa!
    También vi "Los girasoles de Rusia" en tv: Muy buena!
    En fin, me quedaré con los recuerdos!!!
    Saludos de Uruguay...!!!

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    1. Gracias por tu comentario y bienvenido a Cinema Genovés.

      Yo no me canso de ver esta maravillosa película, una y otra vez.

      Salucines

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