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lunes, 7 de enero de 2013

BEN-HUR (1925)



Título original: Ben-Hur: A Tale of the Christ
Duración: 143 minutos
Nacionalidad: EE UU
Dirección: Fred Niblo
Guión: Carey Wilson y June Mathis, a partir de la novela de Lew Wallace
Fotografía: Clyde de Vinna, René Guissart, Percy Hilburn, Glenn Kershner, Karl Struss
Música: Carl Davis (compuesta para la versión restaurada de 1987)
Reparto: Ramon Novarro, May McAvoy, Francis X. Bushman, Betty Bronson, Kathleen Key, Claire McDowell, Janet Gaynor
Producción: Metro-Goldwyn-Mayer


Los Reyes Magos han pasado por Cinema Genovés y me han dejado este presente para todos ustedes, para empezar el Nuevo Año 2013. Salucines Magos...


¿Quién no conoce la película Ben-Hur? ¿Quién, más o menos aficionado al cine, no ha visionado este título alguna vez en su vida? Sin embargo, al citarlo o ser convocado, probablemente a casi todos les venga a la mente la extraordinaria estampa de Charlton Heston en la producción de la Metro-Goldwyn-Mayer dirigida por William Wyler en 1959. A mí, por el contrario —y no por llevar la contraria, sino porque soy muy antiguo…—, en primera instancia, me evoca la precedente realización que llevó a cabo el mismo estudio de Hollywood en el año 1925, dirigida por Fred Niblo y protagonizada al frente del reparto por Ramon Novarro.

Este es el Ben-Hur que pongo en primer lugar, al que vuelvo más a menudo, cuando quiero disfrutar del gran espectáculo del cine, del buen cine, cuando me dispongo a sentir fabulosas sensaciones y emociones frente a la pantalla. Y conste que el cotejo con la obra dirigida por mi apreciado Wyler es difícil de establecer, y no digamos de ponderar, pues también me gusta mucho la versión sonora y en Technicolor.

Sólo pongo un «pero» al film dirigido por Niblo: la elección del actor Ramon Novarro para encarnar al héroe Judah Ben-Hur. Malogrado —o, mejor aún, malparado— actor éste, en muchos sentidos del término: por su trágica y violenta muerte, que de alguna forma recuerda la de Pier Paolo Pasolini, pero también por las pobres facultades interpretativas del actor de origen mejicano. Con la franqueza que proporciona comunicar mi propio parecer, digo que tan sólo en El príncipe estudiante (The Student Prince in Old Heilderberg, 1927), dirigida por Ernst Lubitsch, ha logrado, junto a Norma Shearer, transmitir emociones intensas y conmover al espectador.



Para llevar con éxito a la pantalla un personaje como Judah Ben-Hur es preciso, amén de buenas dotes interpretativas, contar con un actor de mayor envergadura y complexión que Novarro. Charlton Heston sí daba el tipo, ciertamente. Novarro luce musculamen y muslamen, gracias a llevar falditas muy resultonas que causan el entusiasmo de muchos de sus admiradores (y admiradoras), de entonces y de ahora, pero la dimensión épica y bíblica del personaje, el duelo que mantiene con Messala (Francis X. Bushman), tanto en la carrera de cuadrigas como en el resto de la cinta, queda bastante deslucido, inapropiado, inverosímil y muy desequilibrado. En lugar de asistir a un combate de colosos, diríase parodiarse aquí la pugna entre David y Goliat. 



No pretendo, en fin, ser sardónico ni malévolo, pero sólo cuando Novarro/Judah se mide con Esther/May McAvoy (1,5 metros de estatura) adquiere el héroe grandeza y poderío en la pantalla.


Ben-Hur (1925) es un espectáculo total, emocionante y grandioso, rebosante de secuencias majestuosas (la llegada de los Reyes Magos a Belén, el calvario de Jesús), imponentes y magníficas, como la gran carrera de todos los siglos, claro está, en el gran teatro romano, pero también, y no por menos motivos, la secuencia de las galeras o la batalla naval.



Tampoco faltan las escenas exuberantes y de intensa sensualidad —la entrada en la ciudad de la comitiva del tirano Gratus, las orgias de los oficiales en palacio—, las cuales no tienen nada que envidiar a las rodadas por Cecil B. de Mille en algunas de sus películas.





Con todo y como corresponde al buen cine clásico, en Ben-Hur (1925) la épica convive magníficamente con la lírica, el esplendor con la sensibilidad. Destaco un momento en particular de cómo Niblo sabe dirigir con palpitante contención las situaciones más íntimas y de mayor tensión dramática. En el reencuentro de Judah con su madre y hermana, llagadas por la lepra, hay, en efecto, un control, una mesura y una emotividad que resultan —literalmente hablando— sensacionales.


¡Extra! ¡Extra!


Referiré, para terminar, algunas curiosidades de la película. William Wyler, director de la versión de 1959, participó en la producción de 1925 en calidad de asistente a la dirección. Entre los extras, sin acreditar, intervinieron celebridades del celuloide como John y Lionel Barrymore, el director Clarence Brown, Joan Crawford, Marion Daves, Clark Gable, John Gilbert…, en fin, el selecto staff casi al completo de la Metro- Goldwyn-Mayer y una buena representación de los demás estudios de Hollywood: Gary Cooper, Janet Gaynor... Esto sí es hacer una película a lo grande… La producción costó casi cuatro millones de dólares, de los de 1925…



La primera aproximación cinematográfica a la novela escrita por el general Lewis Wallace data nada menos que de 1907. Se trata de un cortometraje de quince minutos de duración, dirigido por Harry T. Morey y Sidney Olcott, interpretada por Herman Rottger y el gran cineasta, maestro de cowboys, William S. Hart. Una pequeña producción que se limita a recrear a la manera y medios de la época la secuencia de la carrera de cuadrigas.

De 2010 es una coproducción para la televisión del Reino Unido, Canadá y España en forma de miniserie, dirigida por Steve Shill, realizador especializado en teleseries; entre otras, ha participado en The WireDeadwood y Roma, por citar algunas producciones ejemplares. No he visionado este Ben-Hur, de modo que me ahorro la opinión. 

Del Ben-Hur (1925) ya he dicho lo que creo importante señalar. Y añado esto más: no dejen de visionarla. O, en su caso, de revisitarla. Yo ya lo he hecho. Y lo he contado en Cinema Genovés.





8 comentarios:

  1. Soy de los que la tendrá que ver por primera vez. Estará bien ver otro punto de vista de esta historia que nunca me canso de ver en la versión del gran William Wyler.
    Saludos.

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    1. Ambas versiones, Manderly, se ajustan bastante a la historia original. Pero, es que el encanto y el esplendor del cine mudo...

      Salucines

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  2. La película de Niblo es fabulosa, sin duda, y ni que sea por duración es más fácil pensar en volver a ella que a la de Wyler. Hoy en día ya se la está devolviendo a su justo lugar empezando porque se incluye en las fastuosas ediciones domésticas del "Ben Hur" en color.

    Saludos

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    1. Bueno, Sergio, pues ya has descubierto cuál es el peplum que me he puesto esta Navidad, en vez de "Espartaco"... Hay otros muchos que me gustan bastante, pero con esta revisitación he disfrutado muchísimo.

      No sabía lo que cuentas del nuevo pack del "Ben-Hur" en colores y con "anexos" de la abuelita. Pero, tiene gracia la cosa, que el espectador actual tenga que conocer el film de Niblo por su remake. En fin, el sino de los nuevos tiempos...

      Salucines

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  3. Como has dicho la película que se viene a la mente al decir "Ben-Hur" es ese clásico épico de Wyler con un colosal Charlton Heston. Creo que la he visto más de 5 veces, completas, en semana santa la suelen pasar por acá.
    Con respecto a su versión original, no he tenido la dicha de verla, pero gracias por traerla. Ese cine de antaño con esas escenas que mencionas serían un verdadero deleite para un buen amante del cine. Y vaya casualidades de la vida, que semejante grupo de estrellas hayan participado en la producción... Qué cosas que hay jeje.

    Un abrazo.

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    1. Intenta hacerte, daniel, con la versión restaurada de 1987, que tiene muy buena calidad de imagen y una extraordinaria partitura musical del gran Carl Davis.

      Salucines

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  4. La quiero ver desde hace tiempo, así que, después de haber leído esto, no me queda más que buscarla. ¿Está editada en dvd en España?

    Gracias y buenas noches.

    Belén

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    1. Pues sí Belén, según dice el amigo Sergio, está en el mercado una edición que incluye ambos títulos, el de Niblo y el de Wyler. A por ella...

      Salucines

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