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jueves, 25 de diciembre de 2014

UNA NAVIDAD FELIZ CON GROUCHO Y CHICO MARX



«(Aporrean la puerta)
GROUCHO: Esto es un atropello, Ravelli: dejarnos fuera de nuestra propia oficina el día de Navidad. Yo, un ciudadano americano, y usted, que ni siquiera es americano. ¡Bonito día de Navidad! Tras despertarme esta mañana lo primero que he hecho es mirar en el zapato que puse bajo el árbol y ¿qué me encuentro? Su pie.
CHICO: ¿Y qué pasa? Usted me dio ese zapato.
GROUCHO: ¿Que yo le di ese zapato?
CHICO: Claro, ayer por la noche; le pregunté qué iba a regalarme para Navidad y usted me dijo que un zapatazo. 

[…]

 GROUCHO: Bueno, Ravelli, hemos empezado bien el día. Esta mañana he debido levantarme por el lado izquierdo de la mesa. Definitivamente, Santa Claus se ha olvidado de nosotros.
CHICO: Tal vez Santa Claus no ha querido bajar por nuestra chimenea porque le daba miedo que le disparasen.
GROUCHO: ¿Qué le disparasen en la chimenea?
CHICO: Claro. Seguro que ha oído usted hablar del tiro de la chimenea.

[…]

CHICO: Oiga, yo me sé dos villancicos.
GROUCHO: Si se sabe dos, cante uno.
CHICO (con voz de tenor): «Nevadá, Nevadá, blanca Nevadá…»
HORACE (un niño de siete años]: ¡Buaaa! […]
GROUCHO: Está usted en muy mala forma. Escuche, Ravelli. Horace está llorando y suena mejor que usted.
CHICO: Sabe, jefe, es que yo canto de oído.
GROUCHO: ¿Que canta de oído? Y por qué no lo intenta alguna vez con la boca. Notará la mejoría.»



Fragmentos del serial radiofónico Flywheel, Shyster y Flywheel, episodio nº 5, emitido el 26 de diciembre de 1932 (Five Star Theatre) en Groucho & Chico Abogados (Tusquets, 1989).





lunes, 22 de diciembre de 2014

lunes, 1 de diciembre de 2014

LA ESPÍA NÚMERO 13 (1934)


Título original: Operator 13
Año: 1934
Duración: 85 minutos
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Richard Boleslawski
Guión: Robert W. Chambers, Harvey F. Thew
Música: William Axt
Fotografía: George J. Folsey
Reparto: Marion Davies, Gary Cooper, Jean Parker
Productora: Cosmopolitan Productions / Metro-Goldwyn-Mayer (MGM)

La década de los treinta en el siglo XX es, a mi juicio, una de las etapas más fructíferas y valiosas de la historia del cine, tanto en Hollywood como en el resto del mundo. El mencionado periodo culmina en 1939, el año acaso más fértil y feliz de todos los tiempos en materia cinematográfica, como he tenido ocasión de homenajear en Cinema Genovés. Con el cine sonoro ya asentado, la estética y la escritura fílmica del cine silente se encuentran todavía próximas —y aun en no pocos casos, vigentes— en los trabajos de los estudios, además de mantenerse por entonces en activo bastantes de los pioneros del Séptimo Arte, trátese de productores, directores, técnicos o actores.

Richard Boleslawski
Un perfecto ejemplo de lo dicho puede comprobarse en La espía número 13 (Operator 13, 1934), film producido por Cosmopolitan Productions / Metro-Goldwyn-Mayer y dirigido por Richard Boleslawski (1889 -1937). Nacido en Polonia, cuando todavía pertenecía al imperio ruso, Boleslawski huye de la revolución bolchevique al Oeste de Europa, instalándose, finalmente, en Estados Unidos en el año 1920. Con un sólido bagaje adquirido en la interpretación y la dirección teatral durante su juventud, no le costó ser contratado en Hollywood, donde no sólo se integra felizmente, sino que llega a erigirse en un acreditado y afamado profesional, el «más norteamericano” de los directores norteamericanos» (NUSINOVA, Natal’ja, «Los rusos en Estados Unidos. El cine de la primera emigración», en BRUNETTA, Gian Piero, Historia mundial del cine. Volumen primero: Estados Unidos. Tomo primero, Akal, Madrid, 2011). 

Por desgracia, fallece prematuramente, a la edad de 47 años, dejando una filmografía cercenada (poco más de veinte títulos), pero de sumo interés. De hecho, la muerte se lo llevó durante el rodaje de su último film, The Last of Mrs. Cheyney (1937), siendo terminado por Dorothy Arzner y George Fitzmaurice.


La espía número 13, aun sin ser distinguido, comúnmente, en su filmografía, merece ser conocido o, en su caso, revisitado. Además del aliciente de tratarse de un producto Boleslawski (garantía de buen hacer profesional), la cinta tiene el atractivo de lucir un reparto estelar, encabezado por Marion Davies y Gary Cooper, la actriz en su etapa descendente; el actor, en la ascendente. Sea como fuere, ambos realizan una espléndida labor en esta película ambientada en la Guerra Civil americana, centrada en uno de sus aspectos menos tratados: los servicios de espionaje en los ejércitos en liza.


La trama transcurre a lo largo de todo el conflicto militar y civil, y es la gran habilidad del cineasta para la transición narrativa, la elipsis y el montaje lo que permite que en menos de noventa minutos de metraje asistamos a una emocionante y muy entretenida película, en la que el género bélico, el drama romántico, la comedia y aun el musical se integran con gran pericia. Gail Lovelless (Marion Davies) es una artista de variedades, reclutada por el ejército del Norte con la misión de infiltrarse junto a una amiga, Eleanor Shackleford (Jean Parker), en territorio sudista (Gail con la cara tiznada —Al Jolson en femenino—, haciéndose pasar por sirviente de raza negra), intimar con la oficialidad local y conseguir información valiosa que favorezca las operaciones militares. 

Pero, ay, uno de los oficiales rebeldes es el capitán Jack Gailliard (Gary Cooper), de quien Gail se enamora perdidamente. Descubiertas las dos espías por los servicios secretos del Dixieland, consiguen escapar y vuelven al Norte, donde la joven adopta otra falsa identidad (gajes del oficio), si bien recupera su tez natural blanquísima. Dichos enredos generan múltiples confusiones y malentendidos, resueltos muy hábilmente tanto en el registro de la comedia como del drama.


Boleslawski es, sin duda, un director virtuoso, cuya tarea se vio favorecida por la colaboración de competentes colaboradores del estudio; George J. Folsey gana el Oscar a la Mejor Fotografía en el año correspondiente al estreno del film. Rueda con similar soltura tanto los números musicales como las secuencias románticas o las escenas de guerra, aunque respetando en cada momento las reglas propias de cada situación y género. Marion Davies interpreta muy graciosamente un número de varietés a partir de un juego de sombreros y gorras en los primeros compases del film, y los MiIls Brothers interpretan varias piezas, cuyas melodías van integrándose en momentos sucesivos de la banda sonora. 



Los encuentros amorosos encajan bien con las particularidades del argumento, exigiendo ternura y pasión o acción y emoción (la secuencia en la que huyen unidos por las muñecas con las esposas) según las circunstancias. Y muy meritorias son, en fin, las escenas bélicas, en especial, la que muestra a las tropas sudistas siendo repelidas por los del Norte mientras cruzan el río Potomac con intención de atacar Washington (estoy por asegurar que Sam Peckinpah visionó con gran interés y para provecho propio dichas secuencias).

Film recomendable, realizado por un cineasta que merece ser tenido en cuenta.